El día más triste en los 110 años de historia de River Plate puede ser sólo el comienzo de una pesadilla: el club deberá ahora hacer frente a deudas millonarias, no podrá retener a algunas figuras y verá reducidos considerablemente sus ingresos económicos en la segunda división del fútbol argentino.
"Le pido perdón a la gente", balbuceó Juan Pablo Carrizo en medio del campo de juego, rodeado por la policía. Tres horas después del partido y superados los incidentes que ocasionaron 68 heridos y 50 detenidos, el arquero dejó el estadio escoltado por seis policías, con la cabeza gacha.
Junto al delantero Mariano Pavone, ex del Betis de España, Carrizo forma parte de las figuras que no seguirán en el club la próxima temporada, ya que finalizó su préstamo y la opción de compra es muy elevada.
El histórico golpe deportivo también sacude la tesorería de los "millonarios", que en la segunda división pasará a cobrar cuatro millones de pesos (casi un millón de dólares) por derechos televisivos, en lugar de los 28 millones que cobraba en la máxima categoría. Es decir, la séptima parte.
Pese a todo, el presidente de River, Daniel Passarella, ratificó su continuidad con tono desafiante: "De acá me sacan con los pies para adelante". Deberá demostrar capacidad de gestión para sortear una situación económica poco saludable, ya que club está hundido en deudas, el déficit anual se incrementa y los ingresos se reducen.


