Si el norte fuera el sur la Argentina sería acusada por el mundo de ser la más contaminante del planeta y generar gases de efecto invernadero. Pero no, allá los marginados siendo los siux y acá los morenos siguen apretando a desmano. No obstante, seríamos igual, o tal vez un poco peor, con los olores del Riachuelo y las minas provinciales que explotan su desgano.
Pero a veces, el sur se cree que es el norte: Se advirtió de los desmontes, y la inundación en Tartagal no alcanzó para remover los cimientos de la dirigencia política. Tampoco la de Santa Fe, donde la solidaridad y donación sirvió tanto como las ayudas para los damnificados de Katrina en Nueva Orleans.
Estados Unidos es hoy uno de los grandes emisores mundiales de gases de efecto invernadero y sin embargo, nuestro país pareciera que quiere copiarse.
Si se tiene en cuenta la contaminación por habitante, la Argentina tiene una emisión total de 8,2 toneladas de dichos gases, lo que la posiciona 53 en el mundo, superando incluso al mayor emisor del planeta, China, que ocupa el puesto 72.
Además, un sondeo del Banco Mundial sobre Indicadores de Desarrollo midió los niveles de contaminación de 110 ciudades de todo el mundo. En él, Córdoba posee niveles de contaminación de dióxido de nitrógeno inaceptables para los estándares de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Irónicamente, el gobierno de Cristina Fernández presentará en Copenhague una propuesta basada en cómo modificar las tecnologías industriales, considerando las áreas de producción que más contaminan la atmósfera, como la agricultura.
Homero Bibiloni, secretario de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, y el canciller Jorge Taiana, encabezan las negociaciones en la cumbre danesa, pero ninguno se presentó en la inauguración, sino que están representados por Silvia Merega, titular de Asuntos Ambientales del Palacio San Martín.
Para la Argentina –y muchas otras naciones del tercer mundo- lo importante no es reducir voluntariamente sus emisiones, por más chicas que sean, sino pedir a los países desarrollados una transferencia de fondos que permitan innovar en energías alternativas, como si fuera que el PBI de Buenos Aires no alcanzara para tal empresa.