Más de 2 meses a 700 metros bajo tierra, con 40º de temperatura, atrapados solo entre rocas, pero con más de 1000 millones de personas en todo el mundo pendientes de cada paso de su ascenso a la superficie.
En cierta medida, tiene parecidos y contrapuestos con la llegada del hombre a la luna, pero si Neil Amstrong dijo: es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad, para los mineros chilenos fueron pasos gigantescos hacia su propia libertad.
Con el rescate de Luis Urzúa, jefe de turno de la mina San José, culminó lo que podría llamarse el salvamento más heroico de la historia. Tal vez, comparable únicamente con la tragedia de los Andes en 1972, donde rugbiers uruguayos cayeron con su avión en plena cordillera y tuvieron que comer carne humana para sobrevivir.
"Espero que esto nunca más nos vuelva a ocurrir... Gracias a todos, gracias a todo Chile y a todas las personas que han cooperado...Me siento orgulloso de ser chileno" fueron las primeras palabras de Urzúa, ¨Capitán¨ de valientes hombres que supieron aguantar la envestida de la naturaleza.


